“Él fue el último de ellos”: El desgarrador capítulo final de K9 Rex, el héroe que sobrevivió a la misión que cambió a Texas para siempre
Para muchos, el 4 de julio es un día de fuegos artificiales, barbacoas y celebración.
Pero para los habitantes de un pueblo del sur de Texas afectado por las inundaciones, marca algo completamente diferente: el día en que se desarrolló una misión de rescate que cambiaría vidas, cobraría héroes y revelaría la valentía en su forma más pura.

Entre esos héroes se encontraba K9 Rex, un veterano perro de búsqueda y rescate con más de 16 años de servicio. Y en una tranquila mañana de hace apenas unos días, Rex, el último K9 superviviente de esa misión, fue enterrado con todos los honores.
Pero no fue solo su historial de servicio lo que hizo que su despedida fuera tan inolvidable.
Fue lo que hizo en sus últimas horas… y lo que su entrenador dejó en su ataúd… lo que ha hecho llorar incluso a los oficiales más curtidos en la batalla.
La inundación que lo cambió todo
La inundación llegó rápidamente. Tormentas de verano inesperadas descargaron más de 50 centímetros de lluvia en zonas bajas del sur de Texas, desbordando ríos y arrasando barrios enteros de la noche a la mañana. La operación de rescate del 4 de julio se convirtió en uno de los esfuerzos coordinados más grandes en la historia de la región, con la participación de helicópteros, barcos, equipos médicos y, crucialmente, unidades caninas.

Rex tenía 14 años en ese momento. Era mayor que la mayoría de los perros de trabajo. Más lento. Su pelaje era más gris. Pero aún le quedaba una cosa: instinto.
“Casi no lo trajimos”, dijo el agente Marcus Hale, el adiestrador de Rex. “Técnicamente se había jubilado meses antes. Pero cuando me puse el uniforme esa mañana, estaba esperando en la puerta, como si supiera”.
Hale trajo a Rex. Y en el transcurso de 72 horas, esa decisión resultaría ser la clave para salvarle la vida.
El Último Perro en Pie
Al final de la operación, otros tres perros habían fallecido por lesiones o tuvieron que ser retirados por razones médicas debido a la exposición y el trauma. Solo Rex permaneció activo. Encontró a dos sobrevivientes enterrados bajo los escombros en el sótano inundado de una iglesia. Ayudó a localizar el cuerpo de una niña desaparecida de 5 años, dándole un cierre a su familia.
Pero el costo fue inmenso.
Las bacterias transmitidas por el agua, el agotamiento y la hipotermia provocaron un deterioro lento pero constante en la salud de Rex en los meses posteriores a la misión. Su corazón se mantuvo fuerte, pero su cuerpo, después de años de servicio inquebrantable, comenzó a fallarle.
Aun así, resistió. Durante casi dos años más.
Sobrevivió a todos los demás perros de esa misión.
Y cuando llegó el momento, el departamento le dio la despedida que merecía.
La Despedida que Rompió el Silencio
La ceremonia se celebró al amanecer. Asistieron oficiales de todo el estado. Familias locales que recordaban la labor de Rex llevaron flores, fotos y banderas. Los veteranos lloraron a gritos. Los niños abrazaban perros de peluche con su imagen.
El departamento pronunció sus palabras. Sonó la corneta.
Y entonces llegó el momento inesperado.

El agente Hale dio un paso al frente, se quitó el sombrero de campaña y colocó con cuidado dos objetos sobre el ataúd de Rex:
Un arnés de búsqueda manchado de barro, aún con marcas de la misión del 4 de julio.
Y una pequeña foto plastificada que mostraba a Rex acurrucado junto a una niña a la que había rescatado años antes, con sus brazos alrededor de su cuello.
“Esto no es solo por él”, dijo Hale en voz baja. “Es por lo que eligió hacer, incluso cuando no tenía por qué hacerlo. Incluso cuando pensábamos que ya había terminado”.
Más que una placa, más que un perro
Para muchos, K9 Rex era un activo útil, una herramienta en el campo.
Pero para quienes sirvieron con él, era familia.
No solo fue el último K9 superviviente de una misión que sacudió a Texas.
Fue el alma de la misión.
El que se negó a irse cuando azotó la tormenta.
El que siguió adelante cuando los demás cayeron.
El que, hasta su último aliento, se mantuvo firme.
Un legado grabado en piedra (y en la memoria)
La Oficina del Sheriff ha confirmado que se construirá un monumento en honor a Rex en la base del centro de entrenamiento K9 del departamento. Sus huellas se han fundido en bronce. Su historia será lectura obligatoria para todos los futuros adiestradores de K9 en la academia estatal.
Pero para el agente Hale, ninguna estatua, placa o monumento podrá jamás expresar plenamente lo que Rex significó para él.
“He llevado esta placa durante 21 años”, dijo con voz temblorosa. Y nunca he conocido a un compañero más leal, más fiero ni más discretamente valiente que Rex. Salvó gente, incluyéndome a mí. Y nunca pidió nada a cambio. Solo un trabajo que hacer. Y alguien con quien volver a casa.
A medida que el sol ascendía, los oficiales salieron lentamente.
Pero un hombre se quedó.
Hale se arrodilló junto al ataúd un buen rato, sin decir nada.
Y cuando finalmente se levantó para irse, susurró una sola frase:
“Yo me encargo de aquí, amigo”.